Ya os había contado hace un par de años que era un animanómada, ese que se hace un montón de kilómetros para trabajar, o que no tiene un puesto fijo.

Bueno, pues he vuelto a eso.

Hace unos días finalizaba por voluntad propia mi relación laboral con el proyecto en el que llevaba 15 meses (primer contrato de más de un año de mi vida) y me ha tocado volver a la carretera.

 

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Haciendo camino…

 

No voy a negar que da miedo dejar la cierta estabilidad que me daba este proyecto, pero más miedo da quedarse en un trabajo en el que aunque te encante el proyecto, te condicione toda tu vida por un horario. Así que sabiendo como soy, antes de “quemarme” en un trabajo, creo que es mejor dar paso a otra persona y apartarse.

Así que con miedo pero convicción he apostado por estar contento. Obviamente no soy imbécil o inconsciente, y me he preocupado de tener cubiertas mis necesidades económicas. La felicidad está bien, pero hay que comer y pagar facturas.

Cuento esto porque me parece interesante visibilizar la realidad laboral de un animador sociocultural. Hay pocas opciones de tener un trabajo estable, es jodido mantenerse activo de continuo, pero si estás dispuesto a hacer kilómetros y estar de alta y baja varias veces en un mes, pues se puede.

Ahora… me toca impartir varias formaciones, redactar contenidos, formarme y a finales de mes espero empezar a trabajar en unas colonias que me mantendrán empleado el verano.

Después… pues seguir reivindicando que los animadores no son solo para el verano, y hacer camino…

Animanómada de nuevo ;O)

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