Vaya viaje… se acabó 2020

Al menos laboralmente. Que todavía queda un día.

En los últimos cuatro años, en mi último día de curro, publicaba una entrada con el resumen de experiencias  profesionales del año (2019, 2018, 2017 y 2016), incluso hace cinco años, decía que para reyes quería estabilidad laboral.

Pensaba ponerme a escribirla y seguir con mi particular tradición, pero este año tan raro merece algo diferente.

Algo en común que tenían esas entradas, y también los años previos aunque no dejara constancia de ello, era mi incertidumbre laboral. Siempre iba echando cuentas de cuánto tiempo me quedaba de un contrato y cuánto «paro» tenía por si me quedaba sin empleo. Cierto es que hasta finales de 2019 nunca jamás había «fichado» la cartilla de desempleado, vamos nunca había estado más de tres meses sin contrato.

Esa incertidumbre se traducía en un empleo «campamento base» o principal (con mayor o menor duración) y un montón de colaboraciones puntuales en proyectos o formaciones complementarias. Y así haciendo malabarismos con el tiempo, transformé el pluriempleo en un arte, mi récord está en trabajar durante 3 meses 65 horas fijas de lunes a viernes (un contrato de 40 horas y otro de 25 horas), además de algunas colaboraciones de fines de semana. 

No cuento esto como pena en plan «pobre de mí» ya que disfruto de mi trabajo como animador, pero si me parece un dato reseñable a lo jodido del sector, de entender la ASC como transformación social y querer trabajar de ello, de no saber dónde o si habrá otro empleo… y sin hablar de las condiciones (que daría para otra entrada)

Como contaba en el resumen de 2019, decidí dejar el empleo «campamento base» con la idea de buscar nuevos frentes. Estos eran subsistir entre el «paro» y trabajos cortos hasta poder culminar en un proyecto junto mi hermano y otras dos personas para asumir el traspaso de una empresa de inserción. Y lo conseguimos. Tuve un par de trabajos, y en febrero, cogimos el traspaso de la empresa, estuvimos unos meses (pandemia por en medio mediante) pero para julio mi hermano y yo decidimos irnos y crear algo propio, acorde a nuestro bagaje y habilidades.

Así nació en agosto, El Taller Animación Sociocultural. Y aquí seguimos, dándole forma, trabajando en lo que nos gusta, y creciendo ;O) (¡Larga vida a El Taller!)

Y desde aquí es donde seguirán, espero, durante mucho tiempo mis andanzas laborales.

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Esto no era lo que quería contar, pero sabéis que me enrollo fácilmente. Y bueno algo de contexto no viene mal.

Lo que me apetecía hacer en esta entrada «resumen» de 2020, de mis años trabajados, de mi experiencia como animador, de lo que deseo para ese «Taller», es una serie de reflexiones o una declaración de intenciones, ya que ahora mi empleo depende de mi mismo (y mi hermano, obvio)

Ahí voy…

Espero no dejar de ilusionarme con actividades, proyectos o formaciones y no caer en hacer las cosas por inercia. Vale que el trabajo es tan jodido que te pagan por hacerlo, pero quiero disfrutar con ello.

Hacer caso de mi instinto en cómo hacer las cosas. Que uno va teniendo una edad y se huele situaciones jajaja

Trabajar y generar empleo con honestidad, cercanía, respeto y buen rollo. La gente trabaja(mos) mejor cuando estamos felices.

Que prime la coherencia. No todo lo que te ofrecen merece la pena por unos euros.

Seguir haciendo lo que me gusta y cómo creo que debe hacerse. 

 

Y ya. Nada más que contar de 2020, que vaya viaje (como digo en el título)

 

¡ ¡ ¡ FELIZ 2O21 ! ! !

Cuando se acuerdan de uno

Siempre he dicho que una de las suertes de mi trabajo como animador (en cualquier versión) es la cantidad de personas que me ha permitido (y aún me permite) conocer.

En estos 15 años he currado en varias entidades sociales y empresas que me han dado la oportunidad de trabajar en un montón de sitios diferentes: colegios, institutos, centros juveniles, locales varios de asociaciones, camping, parques, pabellones, en la calle, centros de menores, centros penitenciarios, viviendas y otros recursos con alojamiento, entre otros (alguno seguro que se me olvida). Y en esa variedad de sitios me he topado con más variedad aún de personas.

Arriba mencionaba «en cualquier versión de mi trabajo», ya que la animación sociocultural se ejerce de maneras diferentes: en proyectos de ocio y tiempo libre, talleres, reuniones, formaciones o acompañando procesos. Y aunque funciones, tareas y sueldos los he tenido de todas las formas y maneras, el punto en común de todas esas versiones es que como animador, debía transformar algo. Siendo utópico diría que la realidad, siendo realista, la realidad de las personas con las que trabajaba. 

O al menos, intentarlo.

Sé con toda seguridad que en muchas ocasiones no se resuelve la necesidad o se da la respuesta a toda la demanda, y menos se cumplen los indicadores . Y aún así, ha habido transformación. Muchas veces no lo percibes en el momento, y tardas años en verlo. Porque ya no trabajas ahí, cambiaste el proyecto o le has perdido la pista a la gente.

Pero… de ahí el título, te acabas enterando cuando se acuerdan de uno

  • Te reencuentras caminando por la calle un niño, ahora ya chaval, que recuerda cuando hablaste con el de fumar.
  • Recibes una llamada para contarte rollos laborales de alguien que quiere desahogarse.
  • Te mandan un mensaje por Instagram y te hacen un chiste que siempre hacías en el campa urbano hace años.
  • Encuentras a una persona que te conoce por unas referencias increíbles de otra con la que trabajaste.
  • Te llega un correo para «soltar» alguna movida y quería hablar con alguien neutral.

Y hoy (a 15 de diciembre de 2020), una que me ha hecho especial ilusión:

  • Recibir una foto del contrato indefinido que le han hecho a una mujer que se lo merece y te da las gracias por los ánimos, las risas y creer en ella.

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No doy más datos (y por supuesto difumino los de la foto), pero joder que alegría.

Y ese mensaje, es el que me ha motivado a escribir esto. Compartir una alegría así conmigo me parece un detalle enorme, y eso que me cometido cuando nos conocimos no tenía nada que ver con el empleo.

 

Vaya por delante que no creo que por trabajar en «lo social» sea un superhéroe (aunque me encantaría poder volar y no ceje en el empeño de cambiar cosas) hay que tener cuidado con las personas superEGOes de este ámbito que inventan la pólvora y quieren SALVAR al resto del personal.

Pero es que esas situaciones que os contaba antes, y ese mensaje de hoy me han llevado a una reflexión:

No llegamos a saber bien del todo el impacto que dejamos en las demás personas. Es bonito «cuando se acuerdan de uno» y para mi un indicador de que voy por la vida en buen camino. Esto es positivo, aunque hay gente para dar de comer a parte. Por eso desde el trabajo que tengas, sea el que sea, trata con respeto y no seas una mierda humana. Te lo agradecerán/as.

 

Y poco más, voy a tomarme un café pensando en cuando se acuerdan de mi (uno) ;O)

 

Frustraciones de un animador en pandemia

Vaya por delante que no es una queja, si no una declaración de pensamientos, inquietudes y experiencias.

Hace muchos años que tengo el lujo de trabajar «de lo mío», de animador. Desde hace 4 meses, además cuento con mi hermano como compañero de viaje en nuestro «Taller«, un proyecto de vida y curro que nos hace muy felices. Una suerte poder currar en los que nos gusta, sabemos y queremos hacer.

Nos va bien, vamos tirando, pese a la situación actual. No podemos hacer todo lo que quisiéramos ni como nos gustaría. Pero nos adaptamos y seguimos adelante.

Hemos sido capaces de reorientar con buenos resultados muchas de nuestras actividades formativas o incluso de ocio a formato online. Y no solo son buenos resultados por hacerlas y que haya, si no también por la calidad y satisfacción de la gente que ha participado en ellas.

Aunque en esta pandemia nos queda resistir y aguantar, siendo conscientes de que nos gusta hacer lo que hacemos, a mi se me pasan por la cabeza varias ideas que me frustran. Se que no puedo hacer mucho por cambiarlas, porque como decimos en Asturias «ye lo que hay», pero os las comparto aquí, que escribir es terapéutico ;O)

2020-11-21 (11)

4 frustraciones que me ha traído esta pandemia

Distancia con las personas

Ya comentaba en otra entrada que me horroriza el concepto «distancia social«. La distancia debe ser física (1,5 o 2 metros) pero NUNCA social. Ya bastante divididas estábamos las personas como para fomentarlo más. Creo que está siendo duro tantos meses con «el bicho» rondando, y los que quedan. Pero veo a la gente cada más polarizada, radical y agresiva (esperemos que no lleguen a violenta).

Ahora hay una (o cien) vacunas a la vista. Nos las pondremos, pero pasará tiempo hasta que el COVID deje ser el término que usamos a diario. Y otra cosa… ¿habrá vacunas para todo el mundo? Estamos preocupados de que este virus afecte al «primer mundo» ¿el resto? ¿Cuántas personas quedarán atrás?

Exceso de videoconferencias

Me encantan, son muy útiles, pero estoy hasta más arriba de la nariz roja que llevo de que todo pase por videoconferencias… Sobre todo cuando en mi trabajo el contacto, la cercanía, el tú a tú, el grupo es tan importante… vale que la tecnología ayuda, pero no suple el presencial. Ni de broma.

Además creo, nos ha quedado un regusto del confinamiento de primavera de «hacer por hacer» (aplausos, pan, repostería en general…) y generamos un montón de eventos y momentos que claro, por seguridad, deben hacerse online. Creo que hacer los que se deben adaptados si, pero no generemos de más, por favor.

No comprendo el subtexto

Tengo buen ojo para observar el comportamiento grupal. Se cuando funciona una dinámica, cómo está yendo una intervención. Y ahora vía online, no soy capaz de comprender el subtexto. No «leo bien a las personas», voy muy a ciegas en el trabajo como creo nunca he ido. Y aunque las valoraciones me demuestran que gusta mi trabajo y mi manera de llevarlo, no soy capaz de percibirlo hasta que me lo dicen. Supongo que es la novedad de hacer las cosas sin estar de cuerpo presente o mi rechazo eterno a hacer cosas online que me revuelve por dentro al tener que hacerlas.

Brecha digital

Si ya la había antes… ¿os imagináis el tamaño que debe tener ahora? Me da miedo pensarlo. Mucha gente no tiene conocimiento o medios para acceder a los recursos digitales, y esta situación nos ha abocado a vivir en un mundo 3.0 con realidades de revolución industrial.

En fin… hasta aquí el desahogo de mis frustraciones. Más bien frustración, en singular. Escribiendo la entrada, me he dado cuenta de que solo tengo una, ya que todas las que he dicho me llevan a lo mismo:

Echo de menos lo presencial, y me no me gusta desarrollar mi trabajo de manera online. Pero como decía arriba «ye lo que hay»

Seguiremos peleando, no queda otra ;O)