Lo mínimo para que «funcione»

¿Por qué hay proyectos que lo petan y otros no? ¿Qué determina que una iniciativa salga adelante?

Pues esto me estaba preguntando yo esta mañana de sábado mientras me tomaba un segundo café y repasaba mentalmente las últimas semanas. En concreto, pensaba en lo bien que nos ha salido el «I Sunset Candás« que desde El Taller ASC organizamos para el Ayuntamiento de Carreño.

Pero no solo por este último proyecto surge esta entrada. En estos años pasando por diversos proyectos, actividades e iniciativas, he observado varios aspectos que si se dan, la «historia» funciona.

Cabe mencionar, que esto es una opinión propia, basada en mis experiencias como animador, no una verdad absoluta. Quizá puede hacerse funcionar ideas sin que se den todos estos aspectos o con otros diferentes.

 

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Esos aspectos que considero lo mínimo para que «funcione» cualquier iniciativa son:

Primero: Las personas, siempre. Un grupo promotor, gente con ganas que se une para «hacer cosas», agentes clave de la comunidad, personas que ya están haciendo algo. Tiene que haber personas (y con ganas) para que surjan las iniciativas.

Segundo: Se ha tenido en cuenta la historia de la zona (proyectos similares, tradiciones culturales de la comunidad, su idioma o jerga, sus formas de expresión, etc.)

Tercero: Se ha contado con un espacio o punto de encuentro para desarrollar la idea.

Cuarto: Se ha contado un mínimo de recursos para empezar (cedidos, alquilados, subvencionados…

Quinto: La iniciativa ha surgido a raíz de las necesidades de la gente.

Sexto: Se ha comenzado por hacer un diagnóstico de la situación de la situación o análisis de la realidad (si no sabemos de qué punto partimos, cómo sabremos dónde queremos llegar)

Séptimo: Objetivos realistas. Después de ese análisis inicial, fijar prioridades.

Octavo: Apoyo comunitario. Para eso, por supuesto, hay que dárselo a conocer  a vecinos y vecinas.

Noveno: Apoyo institucional. Coordinación y comunicación con quien gobierne la zona. Tener

Décimo: Se fomenta la autonomía, la participación de cada persona. Se recuerda que el proyecto o iniciativa es un MEDIO, no un fin.

Decimoprimero: Se evalúa todo. La pertinencia, la eficiencia, la eficacia, las personas, los procesos. Todo (¿de qué otra manera podrá mejorarse si no?)

Cuando la conciliación entra por la puerta…

… la educación en el tiempo libre sale por la ventana.

Vaya por delante. Esto es un artículo de opinión (la mía personal) y aclarar que no estoy en contra de la conciliación, para nada. Aunque creo que es un término algo complejo.

 

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Imagen de PixelAnarchy en Pixabay 

 

Comenzaré con una definición del término:

«La conciliación personal, familiar y laboral se puede definir como “la participación equilibrada entre mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo, conseguida a través de la reestructuración y reorganización de los sistemas, laboral, educativo y de recursos sociales, con el fin de introducir la igualdad de oportunidades en el empleo, variar los roles y estereotipos tradicionales, y cubrir las necesidades de atención y cuidado a personas dependientes”. 

Palabras para la igualdad. Plan Óptima. 

En resumen, la conciliación se trata del equilibrio entre la vida familiar, personal y laboral que permite el desarrollo de cualquier persona en esos ámbitos.

 

Mis sentimientos encontrados vienen ahora:

Primero. ¿En qué momento hemos asumido que la conciliación únicamente son espacios, maneras o proyectos dónde poder dejar a la infancia para que su familia pueda trabajar más?

Quizás podríamos desarrollar otro tipo de medidas, cómo flexibilidad horaria, reducciones de jornada, teletrabajo… Ya sé que existen, pero la idea principal de conciliar parece que es «dónde dejo al niño/a para ir a currar…»

También podríamos hablar de cómo los cuidados a la infancia, siguen recayendo muchísimo más en las mujeres que en los hombres.

 

Segundo. ¿Por qué la conciliación parece que solo se asume si hay descendencia?

¿Y si tienes familiares a cargo por otra circunstancia? O simplemente realmente quieres tener un equilibrio sano entre la vida laboral y la familiar. 

 

Tercero. Y del que nace el título de la entrada. La relación entre conciliación y la educación en el tiempo libre.

En períodos no lectivos escolares, cuando la infancia y la adolescencia no tienen clase, surgen como setas campamentos, colonias y otros proyectos que «se venden» para conciliar.

Y de ahí surge mi preocupación: ¿Dónde ponemos el acento? ¿En conciliar (para que puedas trabajar más o mejor) o en desarrollar un buen proyecto de educación en el tiempo libre?

Si lo que nos preocupa es la conciliación, y viendo cómo se percibe tal y como digo en mi sentimiento encontrado nº 1, con tener un espacio dónde «aparcar» al niño o niña ya estaría ¿no? Que más daría si hay un proyecto educativo detrás, o cómo se desarrolle.

Por otro lado, si nos centramos en la educación en el tiempo libre, siendo esta la base, el medio y el objetivo, indiscutiblemente la conciliación llegaría igualmente.

Ya os había hablado de esto, en otras entradas dónde hablaba de los campamentos, e incluso os planteaba criterios para seleccionar uno. Con la entrada de hoy, quiero invitaros a reflexionar sobre lo que nos preocupa o interesa cuándo nos planteamos un proyecto, cuál es el objetivo ¿conciliar o educar?

Yo creo que se pueden dar ambas, pero siempre poniendo la educación (en el tiempo libre) por delante.

Alegrías de un animador (todavía en pandemia)

Igual que unos meses os contaba lo que me frustraba como animador en esta pandemia, hoy vengo a contaros lo que me alegra.

Es cierto que seguimos en una situación muy complicada, el puto bicho sigue rondando, los números (al menos a mí) meten miedo, arrastramos cansancio o desazón de todo lo que llevamos vivido («fatiga pandémica» he leído por ahí que lo llaman. Vamos, que estamos hasta el mismísimo culo) y aunque la vacunación avanza, se nos está haciendo largo.

Desde «El Taller» seguimos trabajando en lo que nos gusta y cómo nos gusta. A un ritmo lento pero seguro y leal a nuestros valores. 

Supongo que este «seguir currando» y haciendo es lo que hace que ahora me centre en las alegrías de animador (todavía en pandemia)

 

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Va volviendo la presencialidad

Ya comenzamos a hacer actividades presenciales, vuelvo a ver a personas «mascarilla a mascarilla» a interactuar in situ; y esto es una alegría tanto para mi como profesional, como para las personas que vienen a las actividades. Hay ganas de hacer cosas

Seguridad

Algo positivo de esta pandemia es que nos ha hecho mirar con lupa todo lo que se venía haciendo y revisar espacios, ratios, documentación, requisitos, etc. Vale es un poco «no hay mal que por bien no venga» pero me gustan las cosas bien hechas y este sector de «lo social» no vale solo el «buenismo», debemos ser profesionales.

Reconocimiento del ocio y tiempo libre educativo

Es un derecho (y conquista histórica) pero no se le da la importancia que tiene. Este último año que se ha visto reducido parece que se comienza a valorar. Aún queda, pero «nos han echado de menos» sigamos sensibilizando…

 

No percibo más novedades, pero a mi estos tres aspectos ya me dan alegría, empeño en seguir trabajando, motivación a mejorar y una excusa para escribir una entrada positiva, que falta hace.

He de decir estos tres aspectos los noto porque, entre otros quehaceres, he comenzado a trabajar con un grupo estupendo de 14 personas jóvenes en un Aprendizaje Servicio, y claro tener un grupo, motivado, en presencial, con tiempo; pues me pone por las nubes ;O)